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    Reinstalación del Capítulo Regional de Popayán
POPAYÁN, OCTUBRE 06 DE 2006

Discurso pronunciado por el Dr. Marco Gerardo Monroy Cabra Presidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia en el acto de reinstalación del Capítulo Regional de Popayán.

 

Sean mis primeras palabras de agradecimiento al Colegio de Abogados del Cauca a través de su Presidente académico Luis Andrade por invitar a la Academia a reinstalar el Capítulo Regional de la Corporación y también por invitarla igualmente al merecido homenaje que se le tributa al académico Enrique Arboleda Perdomo.

Este es un acto propicio hacer una breve referencia a la historia y misión de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

La Academia, su historia y su misión.

La Academia Colombiana de Jurisprudencia es una entidad cultural autónoma de derecho privado, fundada en la ciudad de Bogotá el 23 de septiembre de 1894, bajo el nombre de Sociedad Colombiana de Jurisprudencia. Esta Sociedad fue la realización de un proyecto visionario, emprendido por los juristas más distinguidos de la época. Su cometido fundamental fue organizar una Institución, hoy más que centenaria, dedicada enteramente al estudio, desarrollo y perfeccionamiento del Derecho, en sus diversas especializaciones, de la ciencia política y de las ciencias sociales en general.

El 9 de septiembre de 1894, en el Salón Rectoral de la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional, bajo la presidencia del ilustre jurista Luis M. Isaza, para la época Presidente de la Corte Suprema de Justicia, se reunió la junta preparatoria para la fundación de la Academia. A esta junta concurrieron también, además de esclarecidos juristas, entre los que se encontraban numerosos autores y profesores universitarios, destacados integrantes de la judicatura, entre ellos varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia, del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca y algunos jueces de Bogotá. Esta junta preparatoria definió lo que hasta hoy ha sido el perfil institucional de la Academia, que puede sintetizarse en tres objetivos cardinales, así: (1) Misión: La Academia tiene por objeto el estudio del Derecho en general y en especial la de Colombia; (2): Los trabajos de la Academia serán de un carácter estrictamente científico y versarán sobre asuntos jurídicos; y (3) Libertad e Independencia : Los académicos que forman la Academia tendrán entera independencia para la manifestación de las ideas que profesan en los asuntos en que ésta se ocupe. Bajo los anteriores parámetros, la Academia fue fundada el 23 de septiembre de 1894, en el Salón Rectoral de la Escuela de Derecho de la Universidad Nacional.

La misión institucional de la Academia fue ampliada el 15 de diciembre de 1898, al dictarse la ley 48 de ese año, que, en su artículo 2°, confiere a la Institución el carácter de órgano consultivo del Gobierno y del Consejo de Estado. La función consultiva de la Academia será más tarde adicionada por la ley 55 del 31 de diciembre de 1964, cuyo artículo 2° la extenderá a los problemas atinentes a la interpretación y aplicación de leyes y proyectos de leyes y a cuestiones generales de administración, cuando el Gobierno y el Congreso lo estimen necesario. La Academia, por disposición de sus estatutos, también servirá de órgano consultivo respecto de cuestiones generales de derecho, de la ciencia política y de las ciencias sociales, que las personas de derecho público, sus servidores o las personas de derecho privado le formulen.

En apretada síntesis se puede afirmar que la Academia propende por el avance y perfeccionamiento del Derecho dentro del marco del respeto de los principios y valores del Estado Social de Derecho que nos rige.

La Academia tiene Capítulos Regionales en varias ciudades. En esta ocasión la Academia reinstala el Capítulo de Popayán por lo cual es necesario hacer alguna referencia histórica a lo que ha significado esta ciudad en Colombia.

La tradición e importancia de la ciudad de Popayán.

El sábado 13 de enero de 1537, Don Sebastián de Belalcázar, a la sazón, esforzado y valiente conquistador de Guatemala y del Perú, siguiendo la avanzada de su Capitán Juan de Ampudia, en su búsqueda del Dorado, arribó al feraz, primaveral y espléndido valle de Pubenza, y en esta buena tierra fundó la Villa de Popayán, iniciando así una historia llena de gloria. Desde su origen, esta ciudad fue un importante referente para la Tierra Firme, organizada más tarde como el Nuevo Reino de Granada. La Villa, merced a sus honestos y laboriosos vecinos prontamente se consolidó como centro principal de la región, y logró de manos del Rey Carlos y de la Reina Juana, a instancia de Juan de Argüello, el título de Ciudad, el 6 de junio de 1538.

Popayán es una ciudad antigua de esclarecido linaje. Pertenece al muy reducido grupo de ciudades con personalidad propia. Esta ciudad Popayán ha tenido siempre una vocación especial por lo trascendental. En sus austeras calles empedradas, bajo el dulce clima de las montañas, esta ciudad es magnífico escenario para el pensamiento, la contemplación y el espíritu.

Popayán ha sido durante muchos siglos un lugar de reflexión y de pensamiento lo cual le ha permitido forjar una estirpe de hombres de letras, de estadistas y de juristas que han sobresalido en el foro colombiano. Varios juristas de esta región han pertenecido a la Academia pudiendo mencionarse el nombre del egregio jurista y exmagistrado doctor José Enrique Arboleda Valencia quien es actual miembro honorario de la Corporación.

Popayán ha sido el solar nativo de muchas personas notables por sus valores intelectuales y morales. Para resumir su tradición de grandeza, baste decir que aquí nacieron, junto al sabio Caldas y al prócer y jurista Camilo Torres, 16 presidentes de Colombia.

La Academia Colombiana de Jurisprudencia, como no podía ser de otra manera, creó en su oportunidad un Capítulo Regional en esta ciudad. Dentro del proceso de reintegración de los Capítulos de la Academia, se incorporó como nuevos Miembros Correspondientes del Capítulo de Popayán, en acto solemne cumplido el 12 de noviembre de 2003, en la sede de la Corporación, a los destacados juristas Emma Vernaza Niño, Hilda Maria Zúñiga Escobar, Luis Eduardo Lara Ruiz, Carlos Carreño Raga, Víctor Acosta David, Luis Hernando Andrade Ríos y Antonio José López Morales. Hoy, la Academia se ha trasladado a esta noble ciudad con el propósito de reinstalar oficialmente su Capítulo, y hacer un justo reconocimiento a sus destacados juristas miembros del Capítulo Regional y a su región.

Esperamos que los académicos de esta Región se integren a la actividad académica especialmente enviando artículos para la Revista de la Academia, o escritos que puedan ser publicados como libros en la colección portable de la Academia. Este Capítulo Regional puede ser un foro de discusión y análisis de la problemática jurídica que puede servir para impulsar reformas y proponer soluciones. En este sentido la Academia respalda cualquier iniciativa que tienda a la realización del objetivo esencial de nuestra institución que no es otro que contribuir al avance y perfeccionamiento del Derecho y al fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Asimismo, la Academia se asocia al merecido homenaje que le tributa el Colegio de Abogados de Popayán al académico correspondiente Enrique Arboleda Perdomo quien ha sobresalido en el foro colombiano por su espíritu investigativo, su consagración al estudio y su acertado criterio jurídico, cualidades que unidas a su caballerosidad y distinción lo hacen acreedor al honor que se le discierne.

Sin duda, el doctor Arboleda es uno de los grandes juristas que desde la cátedra, y ahora desde el Consejo de Estado ilumina la ciencia jurídica, y asimismo es un modelo a imitar como persona, como jurista, y como pensador.

Por estas razones, la Academia se une al justo reconocimiento que hoy se le otorga y lo felicita por sus ejecutorias.

Muchas gracias.

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Discursos forenses, alegatos y otros escritos
JORGE ENRIQUE VALENCIA M.
COMPILADOR

En mi época de estudiante universitario no había tema que se examinara con tanto gusto y contento, como las defensas penales de nuestros grandes juristas, llenas de reflexiva doctrina, destellos emocionales y fondo admirativo, con el oleaje pleno de todo su esplendor y brillo, libros que por aquellos años todos leíamos y repasábamos, con avidez, con emoción y con respeto, por guardar método, orden y claridad...



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