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VI CONGRESO
 
VI CONGRESO IBEROAMERICANO DE ACADEMIAS DE DERECHO
 
PERSPECTIVAS DE LOS PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN EUROPA Y AMÉRICA

TRABAJO ACADÉMICO
Perspectivas de los procesos de integración en Europa y América
Susana Barroso Montero
Academia Mexicana
de Jurisprudencia y Legislación

La integración económica en América Latina sin duda alguna constituye un elemento muy importante para el crecimiento económico de los países. Sin embargo no debe aceptarse como el único remedio a todos los males que enfrentan los países en vías de desarrollo pues existen múltiples factores que inciden en la pobreza y la falta de competitividad y que no serán remediados con la simple uniformidad de criterios comerciales.

El tema de los procesos de integración que deberá seguir América Latina invita a una muy seria reflexión basada en la revisión de otras épocas históricas que presentan similitudes con los acontecimientos actuales.

Siempre es deseable la integración de países que comparten la misma historia, que hablan el mismo idioma o que coinciden en determinado espacio geográfico, pero habría que saber hasta qué grado es factible y conveniente pues hasta ahora la Historia parece confirmar que la desigualdad entre los grupos sociales es natural e inevitable, y que la paridad es algo muy difícil de obtener a través de procesos racionales o convencionales.

En algunas escasas ocasiones la unificación política se ha logrado gracias a la coercibilidad del aparato estatal y desaparecido el brazo fuerte del poder la desintegración es incluso más violenta que antes. Es, por ejemplo, el caso de la Yugoeslavia del General Tito que, en 1953, consigue, mediante una nueva Constitución, la creación de la República Federal Socialista de Yugoslavia integrada por Serbia, Bosnia-Herzegovina, Eslovenia, Croacia, Macedonia y Montenegro. Estos eran pueblos casi idénticos racialmente, sin embargo, no bien hubo muerto el General, se disolvió la Federación y la disgregación acrecentó los resentimientos que detonaron en la década de los noventa, con las guerras yugoeslavas.

En otras ocasiones, se trata de lograr la unificación alrededor de cierto sistema impuesto por el grupo dominante mediante la aplicación de instrumentos jurídicos o a través de presiones, como los embargos comerciales o financieros que se derivan de tratados internacionales y que, por lo regular, no favorecen a la nación más débil económicamente hablando.

Convendría también examinar con detenimiento el concepto de la "globalización" pues es algo que parece muy novedoso, pero que no debiera sorprendernos tanto ya que ha habido otros momentos en los que se ha intentado el derribamiento de fronteras para movilizar mercancías, personas, servicios e inversiones y después de un tiempo de apertura viene la separación y la construcción de otras barreras.

Me parece necesario el análisis objetivo de tales cuestiones para entender la evolución del comportamiento humano (que, por cierto, no ha cambiado mucho desde que Grecia globalizó culturalmente al mundo antiguo) y para no dejarse llevar por espejismos de bienestar que pudieran derivar en grandes desilusiones y conflictos.

Uno de los períodos históricos que presenta una fuerte concentración de desarrollo económico, de tecnología y de importantes avances científicos se dio durante lo que se ha llamado "Era del Capital" (1844-1875). En estos años, la instalación de redes ferroviarias y la utilización de otros medios de comunicación llevaron a un auge económico sin precedentes que hizo al mundo tomar conciencia de su cercanía. La transformación tecnológica más trascendente del período fue el telégrafo eléctrico, utilizado por primera vez en 1844. En 1897, Guillermo Marconi llevó a cabo la primera comunicación inalámbrica entre las poblaciones de Laverck Point y la isla Fratholm, en el Canal de Bristol, separadas por una distancia de alrededor de 5 kilómetros, con lo que se da inicio a la radiodifusión de ondas hertzianas permitiendo la transmisión de la palabra y de los sonidos, transformando para siempre la comunicación interpersonal. Se descubría oro en California y Australia. Aumentaron las exportaciones en Gran Bretaña y en Bélgica, que enviaba hierro al extranjero. En Prusia se incrementaron las inversiones en sociedades mercantiles sobre todo en el ramo ferroviario mientras que la primera feria mundial con fines comerciales se celebró en Londres, en 1851, a la que asistieron más de 6 millones de personas.

Los gobernantes cambiaron sus políticas proteccionistas por otras que buscaron legitimación ofreciendo prosperidad. El mercado era el único rector de la economía y la compraventa de mano de obra una mercancía más. La industrialización de Alemania basada en la producción masiva del acero fue un hecho histórico. Todo se puso al servicio de la industria, incluso la educación y la ciencia así como el concepto de democracia, que también fue revisado ya que no todos los hombres tenían la misma capacidad para decidir las grandes cuestiones del gobierno. Para ello, la legislación tuvo que adaptarse también.

La gran liberalización del comercio contribuyó a la expansión económica estimulando la inversión y la empresa privada. Los motivos para buscar la unión de ciertas regiones fueron fundamentalmente de tipo económico. La depresión económica de 1857 fue determinante para los movimientos de unificación en Italia y en Alemania. En el caso de Italia, la unificación implicaba la expulsión del Imperio de los Habsburgo al que pertenecía la mayor parte del norte del país y, la unificación de Alemania presentaba el problema de conciliar a los miembros de la Confederación Alemana, Prusia y Austria y definir el destino de los principados. Otro de los factores que contribuyó al impulso económico de entonces fue la combinación de capital barato con el rápido aumento de los precios.

En el siglo XIX el auge económico fue inflacionario, lo que benefició a los productores, comerciantes y promotores ya que abundaba mano de obra barata y aumentaban los puestos de trabajo1.

La política, tanto internacional como al interior de los países, pregonaba la instauración del Estado-Nación cuyos elementos esenciales e irrenunciables eran el territorio, una determinada composición étnica, el lenguaje y la soberanía. Pero cabe destacar que la Nación tiende a ser más un concepto ideal que una realidad y que son las instituciones las que dan uniformidad y fuerza al Estado, por ello, para los nacionalistas era indispensable promocionar un Estado conductor que asegurara la educación pública, los puestos de trabajo y el servicio militar y que exaltara también institucionalmente el sentimiento de identidad nacional.

En los primeros años del período analizado, las nuevas condiciones del mercado lograron estabilidad en gobiernos antes sacudidos por revoluciones, pero es importante observar que nunca los períodos de calma son demasiado largos ya que el intercambio comercial y cultural conduce a homogeneizar no solamente las prácticas comerciales, sino el modo de vida y las costumbres y la inhibición de las identidades locales provoca resentimiento y la formación de grupos revolucionarios que buscan abrir espacios políticos basados en la representatividad de los grupos menos favorecidos. Por todo ello, muchas veces, la pretendida asimilación, paradójicamente, lejos de lograr el acercamiento pretendido, provoca exacerbadas reacciones nacionalistas. Así, en pleno auge económico, los gobernantes tuvieron que enfrentar agitaciones internas provocadas por la clase media liberal y los demócratas radicales a los que después se agregaron incipientes movimientos de la clase trabajadora. Los localismos ganaron tanta fuerza que sirvieron de fundamento en buena parte a las dos guerras mundiales y a la llamada "guerra fría".

Algunos tratadistas afirman que la generación posterior a 1848 no fue una época de revoluciones, sino de cruentas guerras, como la de Crimea 1854-1856, provocada por la política rusa de dividir Turquía o convertirla en satélite y cuyos efectos en la región todavía actualmente son evidentes.

Las explosiones de 1848 volvieron inevitable la división de Europa en revolucionarios y conservadores. Este cisma artificial impidió imaginar soluciones razonables basadas en el sentido común. Todo sería una batalla de extremos2.

Entre 1848 y 1875 se observa un sangriento período en el que el proceso de expansión capitalista mundial multiplicó las tensiones en ultramar y las ambiciones del mundo industrial… En el sigo XX todo el continente americano pasó de una dependencia económica británica a otra norteamericana...3.

Ante tal panorama se tuvieron solamente dos opciones, (parecidas a las que tenemos hoy en día los países de Latinoamérica), una era la asimilación al modelo nacional y la otra era ser diferente, lo cual se traducía por el grupo dominante, no como distinto, sino "inferior".

Después de 1859 aumentó la actividad política por la presión del capital acumulado rentable y debido a que los medios de comunicación y de producción hicieron que la economía capitalista se multiplicara.

Hasta aquí podemos encontrar similitudes verdaderamente importantes entre el fenómeno al que se llama actualmente "globalización" y lo sucedido durante el siglo XIX, pues en la Era Industrial, lo mismo que ahora, el capitalismo se había convertido en una economía genuinamente mundial uniformada a través de los medios de comunicación e impuesta a muchos por los intereses políticos de unos pocos.

También entonces, como ahora, el sentimiento de unificación internacional, trajo consigo nuevas formas de coordinación internacional y organismos estandarizados por ejemplo la Unión telegráfica Internacional de 1865 y la Unión Postal Universal de 1875.

Sin embargo, y como se descubrió más tarde, el proceso de expansión era curiosamente catastrófico. A los auges astronómicos les sucedían agudas depresiones de cada vez mayor amplitud mundial4.

Las materias primas sólo se encontraban fuera de Europa. El petróleo, utilizado como combustible para lámparas. En 1859 se habían producido solamente 2 mil barriles, pero para 1874 ya eran casi 11mil barriles, extraídos sobre todo en Pennsylvannia y Nueva York y que facilitaron a Rockefeller fundar la Standard Oil Company, a partir del control de su transporte5.

En 1857 empezó en Nueva York una paralización bancaria que fue probablemente la primera depresión mundial moderna. Pasó a Gran Bretaña, al Norte de Alemania y luego de Escandinavia y Hamburgo hasta América del Sur, dejando bancarrotas y desempleo. También hubo en la década de 1870 y 1880 graves depresiones agrarias provocadas más por los precios de los mercados que por factores de la naturaleza.

Durante la década siguiente a 1860, se hizo creciente la presión popular a instaurar el sufragio universal y hacía el fin de nuestro período sólo la Rusia zarista y la Turquía imperial se mantenían como autocracias. Surgió la burguesía liberal como fuerza política y decayó totalmente el absolutismo. La sustitución de los regímenes de gobierno autócratas por nuevas formas representativas enfrentó los intereses de clases con los de las masas.

La fundamental hendidura en la sociedad europea había dejado de ser a mediados del siglo XIX, la distinción histórica de una aristocracia y un clero privilegiados y una gran masa de plebeyos sin privilegios. Se había convertido en una hendidura que separaba a los que tenían, de los que no tenían; a los que poseían la maquinaria de la producción, de los que trabajaban para ella; a patronos, de los empleados. En una palabra: a los burgueses, de los proletarios6.

Respondiendo a la reacción siempre pendular de la conducta humana a través de la Historia, se observa como, casi de manera automática, el nacionalismo exacerbado dio lugar el contranacionalismo y dentro de este contexto apareció la voz de "el proletariado" que encontró identidad en la política.

En la mayor parte de Europa surgió el sindicalismo al mando de los socialistas y de los Marxistas, cuyas ideas de transformación social fueron acogidas de inmediato por el movimiento obrero.

Ferdinand Lasalle (1825-1865), fundó a escala nacional la Asociación General de Trabajadores Alemanes, movimiento laboral, político, radical demócrata, pero no socialista, e independiente de los partidos burgueses. Se fusionaron el Partido Socialista y el Partido Social Demócrata de Alemania como movimientos independientes de la clase obrera y obtuvieron apoyo masivo bajo el sufragio universal que Bismarck concedió.

Por su parte, el Liberalismo, se hallaba comprometido con el laissez faire, laissez passer por lo que algunos radicales demócratas defendieron la reforma social como opción o prevención frente a la lucha de clase marxista. Los anarquistas se opusieron al modelo de Marx de un Estado centralizado dominado por los trabajadores. También en este punto la Historia ya ha demostrado que nunca el sindicalismo y el sistema de libre mercado tienen buena convivencia.

Entre 1850 y 1860 dio un viraje la política mundial pues el paradigma liberal de los estadistas se cambia por uno democrático.

Los Importantes descubrimientos del siglo XVI y la revolución industrial de fines del XVII colaboraron a formar un concepto de "aldea global" y sentaron las bases del desarrollo económico de las naciones hasta la fecha.

Se puede decir que la división que siguió al proceso de integración abrió paso a las dos grandes guerras mundiales del siglo XX y, otra vez, la humanidad, después del sufrimiento y devastación provocados por ella misma, intentó sanar sus heridas mediante la creación de organismos internacionales que nunca han tenido la eficacia deseada. Aún terminado el conflicto bélico, el planeta siguió dividido en dos fuertes bloques políticos durante la llamada "guerra fría" que duró hasta la última década del siglo XX.

Fue hasta la caída del bloque socialista que cambió totalmente el paradigma pues ahora el mundo tiene, otra vez, ante sí un único modelo económico y político fuertemente capitalista (igual que lo tuvo en los años comprendidos entre 1844-1875) que no esta dispuesto a tomar en cuenta los intereses locales y que exige grandes sacrificios a las identidades nacionales en aras de una supuesta incorporación al modelo impuesto. Y aquí convendría preguntarnos si debiéramos esperar consecuencias parecidas a las que se dieron entonces.

En el caso de la integración de América hay que decir que aún cuando los países de México hacia el sur, siempre han sido concientes de similitudes e intereses en común que derivan de situaciones históricas similares, nunca ha llegado a realizarse el sueño Bolivariano como una verdadera hermandad que beneficie a todos. Lo único que se ha logrado, y tampoco con los resultados esperados, son alianzas de tipo comercial que reúnen países por bloques de ubicación geográfica, así surgieron el MERCOSUR, la Comunidad Andina (CAN), la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), el Área Latinoamericana de Integración (ALADI) y muchos otros.

Esas similitudes se rompen al norte de México pues resulta claro que nunca Estados Unidos, ni Canadá podrán ser paradigmas de integración para los demás países del Continente, simplemente porque el idioma, la economía, la historia, la evolución, en una palabra: la cultura de esos países es diferente. Pero, sobre todo, porque no hay voluntad para ello de parte de los dos primeros países que tienen resuelto el crecimiento económico y que, por lo tanto, no necesitan integrarse con los demás, les es suficiente con que se abran las fronteras y se les permita explotar directamente los recursos y esto no es poca cosa ya que el corredor más importante de biodiversidad y energéticos se encuentra desde México hasta la Patagonia.

Ya México ha experimentado con la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte lo difícil que resulta obtener una justa distribución de beneficios y obligaciones cuando se intenta superar las diferencias ancestrales por contrato.

La globalización busca uniformar los gustos, las costumbres y hasta el idioma, se distribuyen por todo el mundo las mismas películas, estilos de música y moda y eso termina por desaparecer identidad nacional. Todo esto provoca que se desvanezca también el vínculo ideológico y sociológico que da sustento al concepto de Nación y en consecuencia, queda superado el concepto tradicional del Estado sufriendo cambios para ajustarse a los nuevos parámetros de la globalización. Ya no se puede asegurar con firmeza que el territorio sea un elemento indispensable del Estado pues, al extenderse las fronteras nacionales con el "brazo largo" del grupo económicamente dominante, se logra que el régimen jurídico y las políticas económicas y sociales ya no puedan ser decididas libremente por los gobiernos locales, sino que tendrán que ser evaluadas en relación de su compatibilidad con las exigencias del sistema económico internacional. Pero ya ni siquiera son los gobiernos extranjeros los que imponen el ritmo de crecimiento, sino el poder económico de las grandes empresas transnacionales, muchas de las cuales tienen más peso en la toma de decisiones dentro de la comunidad internacional que el de muchos Estados soberanos.

Otro concepto que conviene analizar con mucha calma es la democracia, que se presenta como el paradigma del siglo presente pero hay que recordar que, en muchos momentos, tanto el nacionalismo como la democracia han sido considerados como movimientos de masas que las clases gobernantes han considerado terriblemente peligrosos pues dan peso a la decisión de un grupo numeroso informe de seres que no tienen claro un objetivo de país y en contra de los cuales se han organizado revoluciones y guerras.

Para América sería conveniente seguir muy de cerca la evolución de la Unión Europea, que parece que en lo económico funciona, pero que hasta ahora no ha logrado superar los obstáculos que los interese locales oponen a la instauración de un supraorden jurídico a través de la adopción de una Constitución Europea.

Sin embargo, no hay que perder de vista que los procesos de integración en Europa y en América parten de circunstancias muy diferentes, pues los países europeos tienen un modelo propio que seguir para un desarrollo equilibrado, en cambio América no tiene claro el modelo que servirá de punto de reunión, ni se ve a corto plazo la posibilidad de operar una amplia área de libre comercio de manera eficaz.

Un factor muy importante a considerar es la cercanía con la primer potencia mundial, pues son cada vez más evidentes las acciones de los Estados Unidos para controlar los recursos naturales y económicos del planeta, aumentar sus reservas energéticas y tener una intervención más directa en la política de todos los países latinoamericanos.

Después de los atentados del 11-S, la seguridad y la defensa ha quedado convertida en la razón primordial de Estados Unidos que aumenta su desconfianza en "los otros" y restringe abiertamente la inmigración, llevando la vigilancia a extremos de intervención para impedir que se instalen gobiernos con tendencias hostiles a su política.

El presupuesto de política exterior para Latinoamérica se reduce continuamente. Aumenta sus campañas de promoción a gobiernos democráticos de tipo occidental y a las reformas de libre mercado en Latinoamérica para abrirlo al capital y a las inversiones directas estadounidenses, por ello el interés en la firma de más acuerdos bilaterales y regionales de libre comercio.

La política comercial estadounidense va de la mano con la estrategia militar y la dominación. Nunca se debe confundir "globalización" con "unificación" o "integración". Son cosas muy diferentes. El supuesto derribamiento de fronteras tan pregonado no ha impedido la construcción del "muro de la vergüenza", ni la negativa para firmar el Protocolo de Kyoto.

El modelo económico neoliberal no puede por su propia naturaleza satisfacer las necesidades de Latinoamérica pues no busca proteger a los grupos más vulnerables ni evita la creciente desigualdad en el mundo o la crisis de relaciones sociales con la naturaleza. En el libre mercado no tienen cabida los Estados protectores o proveedores.

Latinoamérica necesita reconocer, apreciar y reforzar su valía nacional para hacer frente a la transculturización para conservar lo que se considera valioso y así trascender a la siguiente generación. Es indispensable que, a pesar de las transformaciones que el Estado tradicional pueda sufrir en la globalización, éste conserve la rectoría fuerte que le permita equilibrar desigualdades y rescatar la individualidad y los valores nacionales a través del rescate de la política como el arte de conducir al Estado por el mejor rumbo para el mayor número de ciudadanos. Es primordial que en la negociación de los acuerdos bilaterales o multilaterales se salvaguarde la protección a los recursos naturales propios, a los pequeños empresarios y a los agricultores locales.

Lo que hará valiosa y posible la unificación latinoamericana será compartir sus experiencias. Solamente el conocimiento y defensa de las potencialidades de cada parte harán que el todo sea sólido.

Latinoamérica debe encontrar un camino propio basado en la cultura que le es propia y saber que la integración no debe pretender la igualdad, sino el encuentro de sus diferencias. Cuando se habla de desarrollo, el tema de la cultura es inevitable de abordar. Al respecto, dice Samuel Huntington, en su libro El Choque de Civilizaciones que los conflictos del futuro estarán más determinados por los factores culturales que por los económicos o ideológicos.

En un mundo de posguerra fría, la cultura es a la vez una fuerza divisible y unificadora. Gentes separadas por la ideología pero unidas por la cultura se juntan, como lo hicieron las dos Alemanias y como están comenzando a hacer las dos coreas y las diversas Chinas7.

Vale la pena atender a esta idea pues la identidad cultural es la que dio lugar a la formación de Estados-Nación y en nombre de la defensa de la nacionalidad se han desarrollado sangrientos conflictos bélicos y además, porque, para saber qué papel jugaremos en la globalización es importante saber qué entendemos por Estado y por soberanía nacional.

La integración económica no sustituye el papel que el Estado desempeña para fijar las políticas económicas nacionales que más convengan a los intereses de sus ciudadanos pues primero es la integración nacional, luego la regional y se ahí se deriva la buena convivencia internacional.

En este tema, como en muchos otros, sería ideal encontrar el justo medio de que hablaba Aristóteles y lograr reconocer nuestras coincidencias para obtener beneficios comunes, pero sin perder por ello la identidad que es resultado de la riqueza ancestral que es propia de cada Nación.

Pues como dicen los franceses: Vive la différence!

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1 HOBSBAWM, Eric. "Segunda Parte. Desarrollos", en La era del capital 1848-1875. Ed. Crítica. Buenos Aires. 1998. p. 43.

2 John Ralston Saul. Los Bastardos de Voltaire. Trad. Oscar Luis Molina. Ed. Andrés Bello.Santiago de Chile. 1992. p. 116.

3 HOBSBAWM, Eric op cit. p. 89.

4 Ibidem. p. 57.

5 Ibidem. p. 56.

6 Geoffrey Bruun. La Europa del Siglo XIX. (1814-1914). FCE. México. 1993.p.93.

7 Samuel P. Huntington. El Choque de Civilizaciones. Ed. Paidós. México. 1998. p. 22.

     
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