ACADEMIA > HISTORIA > PRESIDENTES > RAFAEL URIBE URIBE
    -
    RAFAEL URIBE URIBE (1911)
     
    (Valparaiso, Antioquia, 1859): jurisconsulto, orador, militar, periodista, parlamentario y diplomático. Estudio en el Colegio del Estado de Antioquia, organizado militarmente, y jurisprudencia en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario. Profesor en la Universidad de Antioquia. Miembro de la Cámara de representantes y del Senado de la República. Embajador ante los gobiernos de Chile, Argentina y Brasil. Firmó el tratado de paz en la Hacienda Neerlandia (1902). Apostol de la justicia social.

Trabajó en fomento de la agricultura y la cuestión agraria, desde su periódico El trabajo. Redactor de La Consigna y La Unión, director de El Republicano y colaborador de El Relator y El Espectador, y fundador de El Liberal.

- - -
    -ESCRITO DESTACADO
- - -
   

DISCURSO DE POSESIÓN

Del Dr. Rafael Uribe Uribe en la sesión solemne celebrada por la Academia Nacional de Jurisprudencia, en el «Foyer» del teatro Colón, el domingo 12 de febrero de 1911, al tomar posesión del cargo de presidente de la corporación.

Presento a la Academia el testimonió de mi más profundo y sincero reconocimiento por el alto honor que espontáneamente se ha servido discemirme, al llamarme al puesto de su Presidencia, sin mérito alguno de mi parte.

Abogado con título del Rosario cuando los profesores de ese glorioso Instituto se llamaban Manuel Ancízar, Santiago Pérez, Francisco E. Alvarez, Salvador Camacho Roldán, Januario Salgar y Gil Colunje, la agitada vida que me ha tocado llevar en los treinta años corridos desde que recibí mi grado, me ha mantenido alejado del Foro.

De parte de jurisconsultos distinguidos por su autoridad científica, por la integridad de su carácter y por la conciencia pública de su deber, como son los que forman esta respetable Corporación, ha sido, pues, un acto de deferencia casi inexplicable la designación recaída en quien hace tiempo no ejerce la profesión ni tiene trato frecuente con los Códigos.

Asumo mis funciones en el sentido de ser un servidor adicto de la Academia; procuraré desempeñadas con celo y haré todo lo posible para que mi período sea, como los anteriores, de trabajo asiduo, para lo cual cuento desde luego con la cooperación de todos mis honorables colegas.

Asistí hace poco a la controversia sostenida sobre un importante punto legal por los Drs. Uribe Holguín, Gamboa y Rodríguez Piñeres; pude admirar la profundidad de conocimientos exhibidos por los contrincantes, así como su exquisita cultura; y pensé que si cualquier jurisconsulto europeo, por eminente que fuera, hubiese asistido al debate, no habría podido menos de observar que el cultivo de la ciencia del Derecho nada dejaba que desear entre nosotros, y que su florecimiento la tiene a la altura de los más ilustres centros del Viejo y del Nuevo Mundo. Esto mismo se demuestra por los trabajos que inserta la Revista de la Sociedad y por los que con frecuencia publican sus miembros.

Desearía que insistiese en ese género de discusiones morales, sin perjuicio de consignar por escrito las razones de los antagonistas. Agotada una materia, la Academia misma señalaría nuevos temas de examen.

Desde ahora me tomo la libertad de insinuar dos: la mejora del sistema electoral y la reforma de los Reglamentos del Congreso, acerca de lo cual apuntaré unas pocas razones.

Un amigo proponía a García Moreno, en su juventud, que escribiesen la Historia del Ecuador. «Hagámosla más bien», contestó el impetuoso caudillo. Magnífico que la Academia se ocupe en estudiar e interpretar la ley vigente, pero quizá antes debería preocuparse de hacer lo que estuviera a su alcance para que la ley existiese o fuese mejor, tocando en activa su misión hasta ahora poco menos que pasiva.

Ahora bien: esto depende del personal y de los métodos. De un personal parlamentario mal escogido y de métodos de discusión imperfectos, sólo por excepción puede esperarse que salgan buenas leyes, y vosotros sabéis cuan raras son, por desgracia, esas excepciones.

Cuanto al sistema electoral, tenemos adelantado un paso con la representación de las minorías por el voto incompleto, aunque verdaderamente es de lo más incompleto que hay; ensayado hace más de medio siglo en otros países ha sido hace tiempo abandonado, para reemplazarlo por mecanismos más seguros y equitativos, que facilitan no ya solamente la representación de la minoría sino algo mejor: la representación proporcional de los partidos. Si por ejemplo, se adoptase el método del cociente electoral, que permite computar varias listas, no se repetiría el caso de las últimas elecciones, en que los votos de una tercera agrupación no pudieron entrar en el escrutinio, porque el régimen vigente presupone únicamente dos partidos y dos listas.

Tal vez convendría que la Academia preparase un Proyecto de ley electoral que consulte mejor la justicia política y a la vez garantice para los futuros Congresos un personal selecto y competente como el de los primeros tiempos de la República.

Respecto a nuestra táctica parlamentaria, una larga experiencia tiene demostrado que es en extremo defectuosa. Su menor mal es su falta de eficiencia, esto es, su escaso rendimiento de trabajo en relación con el tiempo y el dinero invertidos; lo peor es el creciente desorden en la legislación, que ya se va convirtiendo en carga de camellos, como se dijo de la romana antes de Justiniano, y el hecho de quedarse indefinidamente sin satisfacer grandes necesidades nacionales, lo que redunda en descrédito del parlamentarismo y, por contragolpe, en abono de las dictaduras.

Luego hay que modificar sustancialmente los anticuados Reglamentos de las Cámaras, no sólo en el punto de vista de la economía en el costo del Poder Legislativo, sino más aún para asegurar en lo posible la buena calidad de ese artículo que el taller del Congreso está encargado de fabricar: la ley.

Suponiendo que la Academia quiera entrar por este orden de ideas, tengo el honor de someterle la siguiente proposición:

«La Academia de Jurisprudencia resuelve ocuparse en preparar un Proyecto de ley de elecciones y otro de reforma de los Reglamentos de las Cámaras.

«Al efecto, elegirá en su sesión ordinaria próxima dos comisiones que se encarguen de estudiar ambas materias y de presentar bases para la discusión de ellas».

(Es aprobada por unanimidad).

- - -
   

VER OTROS PRESIDENTES

-