ACADEMIA > HISTORIA > PRESIDENTES > SIMÓN ARAUJO
    -
    SIMÓN ARAÚJO (1917)
     
   

(Cartagena, 1857) cursó estudios de derecho, ingeniería y medicina. Secretario de la Cámara de Representantes, Secretario de Fomento, Secretario de Hacienda y Secretario General del Estado de Cundinamarca, Ministro de Obras Públicas.

Fundador de los periódicos La Nueva Era y El Orden.

- - -
    -ESCRITO DESTACADO
- - -
   

EL CRÉDITO PERSONAL Y LA DEMOCRATIZACIÓN DEL CAPITAL

Conferencia dictada por el doctor Simón Araújo en el Salón de Grados el lunes 5 de octubre a petición del Ministerio de Instrucción Pública y por designación de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, con asistencia de muy selecta y nutrida concurrencia.

Señor Ministro de Instrucción Pública, señor Presidente de la Academia de Jurisprudencia, señoras, señores:

UNA PLAUSIBLE INICIATIVA

El señor Ministro de Instrucción y Salubridad Públicas se dirigió a la Academia Colombiana de Jurisprudencia para que tomara parte en unas conferencias que ha organizado; y el señor Presidente de la docta corporación ha dispensado al último de los miembros de ésta, el honor de nombrarlo para dictar la primera de ellas. Naturalmente desconfiando de mis aptitudes para desempeñar siquiera con mediano lucimiento la, para mi, abrumadora comisión, pero lleno de buena voluntad para colaborar en la civilizadora actuación iniciada por el ilustrado Ministro de Instrucción Pública, y de deferente aprecio por el señor Presidente de la Academia mi distinguido amigo señor doctor Diego Mendoza Pérez, no declinó el honor que se me brinda, confiado en la benevolencia del ilustrado y generoso público que tendrá la culta resignación de escucharme.

La educación del hombre, comprendido en esta palabra de significación compleja, el conjunto de conocimientos de orden moral que debe poseer para iniciar, cultivar y conservar relaciones de armonía y respeto en la vida social con los demás individuos de su especie, y aun consigo mismo, y el conjunto de elementos científicos más o menos numerosos que han de servirle para conquistar con el menor esfuerzo posible los elementos necesarios para su subsistencia, para realizar las legítimas aspiraciones de ascender en la consideración y estima de sus semejantes, para defenderse de las agresiones del tiempo y de la naturaleza, para satisfacer los naturales anhelos de escudriñar los fundamentos de su origen y su fin, la educación, así interpretada, digo, tiene por primordial, y podría decir por único objeto, alcanzar la felicidad posible del hombre, su bienestar y su tranquilidad.

Para realizar ese fin se han ocupado intensamente los pueblos y gobiernos de la tierra, los hombres, pensadores de todas las latitudes, los ministros de todas las religiones. Profundos y extensos estudios posee la humanidad sobre el modo como influyen en la educación del hombre desde la cuna hasta la plenitud de su desarrollo, la sobrehumana y celestial ternura materna, la austeridad paterna, la escuela, la mujer, el colegio, la iglesia y la sociedad.

Igualmente extensos y profundos son los estudios que poseen todas las naciones del globo sobre la subdivisión de la enseñanza primaria,; secundaria, profesional, técnica, industrial, y artística, de modo de facilitar la trasmisión y adquisición graduales de Conocimientos desde la más tierna infancia hasta la edad madura.

LA EDUCACIÓN EN COLOMBIA

Y nosotros, en nuestro país hemos recorrido e intentamos recorrer toda la humanitaria y científica escala que los pueblos más avanzados de la tierra van adoptando para ese fin, suprimiendo dificultades, allanando obstáculos, diluyendo resistencias, regando de pétalos de rosas el camino ascensional que antes estaba cubierto de espinas y guijarros que imposibilitaran cruelmente a los pocos que podían perseverar en recorrerlo hasta el fin.

Ahora mismo, el inteligente compatriota, Agustín Nieto Caballero, con fe de apóstol y abnegación de iluminado, nos ha traído al sabio profesor Decroly para alumbrar con sus destellos gran parte del principal sendero que debemos recorrer. Y una misión pedagógica, compuesta de muy ilustrados competentes técnicos, acaba de presentar al Gobierno un sesudo proyecto de ley orgánica de la instrucción pública. Pero no es de los métodos y sistemas más aventajados para educar al hombre desde el kindergarden hasta la Facultad Universitaria, de lo que me propongo hablaros. No es de los medios que deben adoptarse para habilitar al niño hasta que sea hombre; no es de los hombres del mañana que comienzan hoy, o comenzarán bien pronto, la laboriosa tarea de capacitarse para la lucha de la vida, ni del ejército de niños y de jóvenes que van ascendiendo en diversas jornadas la empinada altura del saber, con la justísima ilusión de encontrar en ella la soñada felicidad, el anhelado bienestar, o siquiera la modesta y silenciosa tranquilidad. Bien está lo que se ha hecho y se hará en servicio de esos millares de hermanos que así capacitados serán brillantes y eficaces conductores de nuestra nacionalidad, y merecerán las bendiciones de la posteridad, como merecen hoy el aplauso de todos nuestros conciudadanos cuantos han consagrado sus esfuerzos, sus capitales y su vida a tan hermosa labor.

MATERIA DE LA CONFERENCIA

Pero, como os he dicho, no es de aquellos métodos y sistemas de lo que voy a trataros fatigándoos, sin duda, con la expresión de mi brumoso pensamiento. Quiero hablaros de los métodos y sistemas que deben adoptarse para que realicen siquiera en parte sus ensueños de felicidad, de relativo bienestar, de silenciosa tranquilidad, las muchas unidades de los que coronan, o casi coronan, la altura y se encuentran en ella impotentes en absoluto para realizar una sola de sus acariciadas ilusiones; de los muchos centenares que tuvieron que abandonar la cuesta y quedarse en la falda de la montaña, porque la adversidad, la pobreza, las necesidades de la vida, los ineludibles deberes de la existencia y de los afectos, no les permitieron perseverar en aquella vía de esperanzas, y los obligaron a enfrentarse a la penosa realidad de sus necesidades; de los muchos millares que apenas recorrieron el primer trayecto de su instrucción, a quienes la suerte condenó a no poder pasar de allí; y de los millones, de la inmensa multitud, que no tuvo ocasión, ni modo de dar un solo paso en aquella senda encantadora y encantada.

De los primeros he de deciros que sus ensueños y esperanzas se convierten en amarguras más crueles que las que experimentan los que forman parte de las multitudes que acabo de mencionar. El hombre de cerebro cultivado y que carece de campo o de modo de aplicar productivamente el arsenal de conocimientos, que almacenó durante su vida, y a quien le falta el indispensable sustento, es mil veces más desgraciado que aquel que conserva su inteligencia en la horrible lobreguez de la ignorancia, y es preciso darle a aquel el elemento que necesita para que los destellos de su inteligencia hagan brotar pan para conservar la vida, abrigo para su desnudez y techo bajo el cual albergarse, de manera que obtenga algo de la silenciosa tranquilidad con que soñó. «Los tormentos de la ciencia aliada a la indigencia, son infernales» me decía en una ocasión un sabio profesor.

De los otros grupos, de los que quedaron en la vía, de los que apenas comenzaron a trillarla, y de los que no llegaron a posar en ella una sola vez su planta; de todos estos, que son los más, es de los que quiero hablaros para que busquemos los medios que se requieran para que su incompleta o incomenzada educación adquiera los medios de conquistar alguno o algunos de los ideales anotados.

EL CAPITAL Y EL TRABAJO

Convendréis conmigo en que tratándose de la mayoria de la humanidad, y por tanto de las incontables multitudes que pueblan nuestro territorio, debemos invertir las palabras bíblicas, y decir que no sólo de pan del espíritu vive el hombre sino principalmente, y todos del pan del cuerpo. Y este pan del cuerpo ha de amasarse, como lo dice también el sagrado libro, con el sudor de la frente, y el sudor de la frente es el trabajo; mas ese sudor requiere la masa que ha de emulsionar. Es decir que se necesita de la base, que es el capital, y del esfuerzo, que es el trabajo; porque para la creación del pan se requiere indispensablemente de los dos elementos, como para la reproducción de los seres, orgánicos se necesita la asociación de los dos sexos progenitores, y así como uno de éstos no podría por sí sólo dar nacimiento a sus semejantes, ni el capital sin la cooperación del trabajo, ni éste sin la cooperación de aquél podrían formar el pan de la vida.

Por esto los sabios profesionales que almacenaron sólidos conocimientos en su mente, que escudriñan el origen del dolor que mata, que defienden el derecho de su prójimo o de sus conciudadanos, que trazan y construyen la carretera o la vía férrea, que alivian a sus semejantes de los dolores bucales, requieren que los beneficiados los por su saber tengan modo de pagarles sus esfuerzos y diligencias, que son trabajo, para que los dos elementos creen el pan que ha de nutridos; el industrial, el buhonero, el humilde trabajador de barra y azada, reciben en pago de su fatiga, que es trabajo, el jornal que se convierte en pan. La escala es poco menos que infinita, y en cada una de sus gradas vemos asociados los dos elementos generadores del pan del trabajador.

LO QUE DEBIERA SER Y LO QUE ES

Si todo marchara así en la vida real de nuestra agrupación social, todo sería armonía, y todos irían en el camino que hubiera de llevarlos al ensueño de la felicidad posible, del bienestar deseado o siquiera de la silenciosa tranquilidad. Pero desgraciadamente no sucede así: muchos profesionales carecen de los instrumentos necesarios para la aplicación de sus portentosas facultades robustecidas por los sólidos conocimientos; muchos de esos mismos hombres de ciencia salen de la universidad después de ingentes sacrificios de sus familias, con un diploma de idoneidad pero sin un centavo para su sustento, sin un centavo para iniciarse en el ejercicio de su profesión; muchos pequeños industriales carecen de elementos para desarrollar su modesta industria, muchos jornaleros de la inteligencia, no encuentran aplicación para sus energías; muchos modestos pero vigorosos luchadores se debaten en la impotencia por falta de pequeño apoyo; y muchos, muchos más, no encuentran modo de alquilar sus brazos y sus esfuerzos. De estas situaciones surge la necesidad del préstamo de capitales para fecundar el trabajo, impotente para crear por sí solo. Hubo un tiempo en que se censuraba aún por los padres de la iglesia, el dar capitales en dinero a interés porque, decían, la moneda no engendra moneda ni la tierra engendra tierra; pero las necesidades de gobiernos y entidades hizo comprender que aquella prohibición era absurda, y mantenía en pavoroso estancamiento la riqueza pública y la energía de los asociados, que ni el capital sólo podría producir riqueza, ni el trabajo sin la asociación del capital tampoco podía hacerlo. Pero la desconfianza natural en los poseedores de economías, individuos o asociaciones, ha avanzando hasta el punto de brindar capitales a los que ya tienen capital, y como éstos son los menos numerosos, la mayoría de los hombres poseedores de energías físicas, morales e intelectuales que, fecundadas por pequeños capitales podrían crear riqueza personal que acrecería la riqueza pública, quedan sujetos a la impotencia y son presas de la desesperación, y se ven obligados a humillante y mal remunerada dependencia, o arrastrados por el hambre a los vicios y aun al crimen. Todos estos individuos carecen de los elementos que debe suministrarles la educación para realizar el objetivo de ella. Ya no se trata de nutrir su inteligencia, más o menos fácilmente, por medio de sabios sistemas y métodos; se trata de brindarles un apoyo que reemplace aquellos sistemas y aquellos métodos de que no pudieron servirse por millares de causas independientes de su voluntad, y que la sociedad debe procurarles por solidaridad social y aun por egoísta conveniencia colectiva. En muchas ocasiones sería tan reducido el apoyo que se necesita, como el que se le presta a un niño que comienza a dar sus primeros pasos y siente debajo de su débil manecita una mano robusta que no hace fuerza alguna o el que brinda una flexible cuerda que sirve de baranda en empinada escalera.

EL CRÉDITO PERSONAL

Ese apoyo debe tener por base el crédito personal, que es la resultante de un conjunto de condiciones morales que debe reconocer y acatar, proteger y apoyar toda sociedad cristiana, previsora y cuidadosa de su porvenir. El crédito personal es el resultado de la austeridad en la vida, de honorabilidad y corrección de costumbres de la persistente y comprobada voluntad de trabajar, de antecedentes de virtud, de facultades físicas para el trabajo, de salud del cuerpo para soportar fatigas; de legítimas y honestas aspiraciones de mejorar de situación por medio del trabajo que ennoblece y dignifica. Todas estas cualidades son un capital moral que no se cotiza en las bolsas de comercio pero que vale tanto y en muchas ocasiones más que los capitales económicos que se transfieren con facilidad.

Los hombres persiguen en su vida de trabajo la consecución de utilidades para atender a sus necesidades y a la formación de un capital para los días sin sol de la edad en que decaen las energías, y a preparar base para el trabajo de sus hijos. La misma aspiración informa la labor de las entidades integradas por hombres. Pero al lado de esas justas aspiraciones deben existir, si bien menos intensas, no por eso menos nobles e importantes, las de retribuir a la sociedad algo de lo que ella nos da, y esto en la forma de apoyo a nuestros semejantes y colaboración en el mejoramiento del conjunto. No es esta la solidarización de clases rivales unas de otras, agresivas y desquiciadoras del orden social, que es criminosa, sino la solidarización de la humanidad, que es lo noble y lo cristiano.

LO QUE PODRÍAN HACER LOS BANCOS

Acorde con estas ideas he pensado y propuesto que los Bancos del país, asociaciones, de hombres más o menos acaudalados, destinen periódicamente una pequeña porción de sus utilidades. a formar un fondo que sirva para ayudar a aquellas energías, honradas, carentes de modos de aplicarse digna y productivamente; a salvar muchos espíritus de la cruel desesperanza y de la torturante impotencia; si aquellas instituciones y aquellos, accionistas piensan unos minutos, en la horrible pavura del capaz para producir, pero impotente para hacerlo por la falta de pequeño apoyo pecuniario; si piensan en la negrura de las eternas noches de los que han sed de conservarse altivos y dignos, y hombre de ocupar lugar decoroso y armónico en la colmena humana, no vacilarían un instante en cumplir el sagrado deber de ayudar al que naufraga estacionario, no por culpa propia sino por esta desigualdad del misterioso destino que enclava en el dolor a muchos inocentes e impulsa en el bienestar a algunos privilegiados inconscientes de las causas de sus privilegios.

Es verdad que los que se sientan a diario a comer abundantes manjares no saben de las torturas del hambre, y que en los ardientes valles de nuestra zona no se comprende la necesidad de cubrirse con pieles; pero los corazones, verdadera y esencialmente cristianos, sí pueden concebir el frío de la desnudez del alma.

Este apoyo que indico no es la caridad común que sacia el hambre y la sed del cuerpo, no es la caridad del alma que enjuga lágrimas de intensa amargura; no es ni el pan dado al menesteroso ni el beso de Jesús al leproso es algo más que el primero, y tan elevado como el segundo; es el vigorizador ungüento al gladiador que ha de luchar con las fieras de la suerte, más feroces que las de los antiguos circos. No es una dádiva a fondo perdido, puesto que las más veces se recuperará aumentada, no; es una inyección de fuerza y de confianza que hará un ciudadano de un paria; una voz de aliento que haría un feliz de un desheredado, que pagará a quien se la grite, y pagará también a la sociedad en que viva.

Y si por otra parte, piensan que el vicio asedia a aquellos atormentados espíritus brindándoles engañoso olvido, que la necesidad les obliga a doblegar una noble altivez y a hacerse sumisos, e incondicionales ensayos de otros seres acaso inferiores en quilates morales; si piensan en que cada hombre así salvado se convierta en luminosa antorcha que como faro anuncia a los que se hallan en condiciones semejantes que el Creador Supremo sí ha puesto en este valle de lágrimas, cristianas esponjas que las alivian y honestas medicinas que sequen su fuentes, vacilarían menos todavía, porque multiplicarían sus beneficios con su altruísmo.

Pero acaso sería injusto exigir de entidades e individuos que expongan aunque sea mínima parte de sus haberes a los azares de vidas que han podido ser muy virtuosas, pero que pueden dejar de serio por las veleidades de la suerte, y como aquellos de quienes hablamos, quieran aunar sus deseos de llenar un elevado deber social, de provechosos y benéficos resultados probables, al sentimiento legítimo de su propio interés, que les impulse a exigir garantías a sus labores por pequeños que sean, he insinuado que otros elementos sociales cooperen a la obra cristiana y humanitaria en que me ocupo.

Las compañías de seguros, que tan grandes servicios prestan a la sociedad, basan sus pingües utilidades en la garantía del buen resultado de operaciones más o menos aventuradas y contingentes. Los aseguros de vida tienen por fundamento las probalidades de la duración de la vida humana en cada región de la tierra; tienen en cuenta, entre otros datos importantes, el número de defunciones de individuos que no alcanzan a llegar, en un periodo determinado, a la edad que constituye la duración media, de la vida humana, el número de los que llegan a aquella edad y el de los que pasan de ella. Con esos datos y los demás congruentes con ellos, de clima, robustez, género de vida etc., forman los cuadros de moralidad y probalidades, y aseguran la vida de los individuos que llenan las condiciones que consideran necesarias para correr la contingencia de asegurar la vida por un número de años, mediante el pago de una prima. La circunstancia de que algunos de esos individuos mueran antes de la fecha en que ha de expirar el seguro, y tengan que pagar el valor de éste, con pérdida efectiva para la compañía no las detiene en el ejercicio de su provechosa y humanitaria industria porque saben bien que una o varias pérdidas por la causa apuntada, apenas disminuye en parte poco menos que insignificante, las cuantiosas ganancias que derivan del aseguro del mayor número de personas, que sí llegan a vivir el número de años asegurados.

Otro tanto sucede a los aseguradores contra enfermedades, accidentes imprevisto, siniestros en viaje para las personas y para los náufragos, averías en mar, en ríos o en caminos de tierra, rotura, robo y demoras para las mercancías de lícito comercio. Lo mismo sucede para los incendios de edificios, almacenes, fábricas, etc. En todo esto, como en los aseguros de vida, tienen las compañías aseguradoras por base de sus aspiraciones el cálculo de las probabilidades de que ocurran siniestros más o menos numerosos, y de menor o mayor intensidad, que las obligue a pagar los aseguros con pérdida efectiva para ellos, pero pérdidas poco más o menos que insignificantes comparadas con las cuantiosas ganancias que derivan de los numerosos y valiosos aseguros que cumplen el tiempo asegurado sin siniestro alguno.

Si las compañías de seguros cumplieran el deber de cooperación social de que os he hablado, aunándolos con el sentimiento de su propio interés, podrían fácilmente establecer un nuevo renglón de operaciones, asegurando, mediante prima, el pago de los créditos personales que otorgaran los bancos a individuos que se hicieran merecedores de obtenerlo. Habría sin duda varios, o muchos casos, en que los aseguradores perdieran el valor de aseguros por la ocurrencia de imprevisibles siniestros en la vida de los deudores; pero esa pérdida sería poco menos que insignificante comparada con las cuantiosas utilidades obtenidas en los numerosos aseguros de la misma especie que cumplieran sin tropiezo alguno el período de ellos.

UN PLAN DE OPERACIONES DE CRÉDITO PERSONAL

Así sucede en otros países del mundo civilizado, como en Inglaterra, donde las compañías de seguros no sólo garantizan mediante pago de una prima, los créditos de que hablo, sino que garantizan de la misma manera y basadas en el cálculo de probabilidades, y en antecedentes honorables semejantes, el buen desempeño de los empleados de manejo, oficiales o privados. En el Banco de Londres y América del Sud, establecido en esta ciudad, hay empleados cuyo buen manejo está asegurado en la forma que dejo explicada por la «Alliance Assurance Co de Londres Bortholomew Lane». En los Estados Unidos compañías especiales contribuyen a facilitar y ensanchar el crédito personal para hacer más cómoda la vida. En aquel país la deuda flotante por ventas a pagar por semanas y por meses alcanza a $ 3.000.000.000; las compañías descuentan esos créditos; y las pérdidas que han sufrido no alcanzan por causa de ellas al 1 por 100.

Para llevar al campo de realidad éste proyecto, podría adoptarse el siguiente plan, que esbozo sólo por ahora, para nuestra ciudad capital:

Los bancos existentes en Bogotá produjeron las siguientes utilidades en el semestre que terminó el 30 de julio pasado:

Banco de la República                    482.996.94
Banco de Colombia                        136.647.94
Banco de Bogotá                           103.860.30
Banco Central                                148.217.51
Banco de Londres y América            32.213.16
Banco Francés e Italiano                    8.834.56
Banco Hipotecario de Colombia       201.678.47
Comercial Bank                               79.469.16
Banco Prendario                                5.703.86
Total                                          1.199.225.90

En la hipótesis de que este monto de ganancias semestrales se mantuviera invariable, lo que no es admisible, porque el volumen de los negocios de dinero crece a diario, y de que los Bancos destinarán el 5 por 100 de ellas a formar el fondo de que he hablado, tendríamos, en enero próximo $ 60.000 para comenzar operaciones de crédito personal. Como la cuantía de la suma es redonda por cada banco y no sería suficiente para iniciar las operaciones proyectadas, podrían todos los establecimientos hacer una federación parcial entre ellos, para este único objeto, y que uno de los bancos tuviera la administración del capital reunido en una sección especial que estaría a cargo de un sub gerente o empleado superior del banco administrador, bajo la supervigilancia del director del mismo.

ASAMBLEA DE LOS BANCOS FEDERADOS

Este subgerente tendría la colaboración gratuita de una asamblea compuesta por los gerentes de los bancos asociados, o suplentes de éstos, y un Comité Ejecutivo, compuesto de tres miembros, nombrados por aquella asamblea. El personal de este comité sería especialmente encargado de allegar informes respecto de la honorabilidad, corrección y moralidad de los solicitantes, informes que deben comprender un período no menor de cinco años. Allegaría informes también sobre la profesión, industria u ocupación del solicitante, necesidades que tuviera para ejercer con éxito la primera, como instrumental, oficina, etc., y los que se refieran a su industria u ocupación.

Mientras el capital de la federación de bancos no alcanzara a $ 500.000, coptinuaría aquella administrándola; cuando el capital pasara de esta suma, podría disolverse la Federación y asumir cada banco la administración de la parte de capital que tuviera en el conjunto. Cuando un banco hubiera alcanzado a acumular $ 150.000 o más, podría separase de la Federación y asumir por sí mismo la administración del capital, excepto el Banco de la República, quien por no hacer operaciones con particulares, estaría siempre para el objeto que se trata, asociado a otro establecimiento privado.

La administración de esa sección de bancos federados sería como la de cualquiera de los bancos asociados, modificado como su Asamblea Central tuviera a bien hacerla.

El Banco de la República redescontaría las obligaciones a favor de la Federación hasta por el setenta y cinco por ciento de su capital.

Las utilidades o pérdidas de la Federación se distribuirían proporcionalmente a los apartes respectivos de los bancos asociados.

La Federación de bancos, como filial de los bancos, no tendría las obligaciones que tienen éstos respecto del Banco de la República.

Es claro que para llevar a cabo este proyecto se requiere un acto legislativo que lo autorice en todo lo relacionado con el Banco de la República.

No creo que haya un miembro del Parlamento que se negara a aprobar un proyecto de tan trascendentales y benéficos efectos para la patria.

La Federación se disolvería en los casos de aumento de capital en la cuantía que dejamos expresada, o cuando en el curso de un año se hubiera perdido el cincuenta por ciento del capital con que hubiera hecho operaciones en ese año.

OTRA FUENTE DE RECURSOS

Las instituciones bancarias en lo general acostumbran destinar semestralmente una parte de sus utilidades para saldar acreencias de dudoso cobro, y algunas veces, para saldar otros de seguro incobro, que tenían ese carácter desde su origen. Podrían así mismo destinar además del cinco por ciento de las utilidades para la formación del fondo de la Federación, una suma mayor; cuando vieran que las operaciones de éstos daban buenos resultados y requerían aumento de su capital.

He querido mostraras en lo que os he expuesto los medios prácticos, posibles, de atender a la educación de muchísimos individuos que forman los tres primeros grupos de los que por causas diversas no pudieron adquirir los elementos necesarios para realizar las legítimas aspiraciones de felicidad posible, de deseado bienestar, y siquiera de silenciosa tranquilidad. Entro ahora, pidiéndoos de antemano y de nuevo la misma bondadosa atención con que me habéis escuchado, a hablaros de medios igualmente prácticos para atender a muchos de los individuos que forman el último grupo de los que no pudieron comenzar siquiera la adquisición de los más modestos elementos para conquistar los fines personales de la educación.

Con este objeto os describiré algo de lo que pasa en las regiones agrícolas de nuestro país, y me limitaré a éstos para no abusar de vuestra benévola generosidad para con quien tiene el honor de dirigiros la palabra.

EL PROBLEMA DEL PEQUEÑO AGRICULTOR

En los distritos agrícolas, cafeteros, sucede frecuentemente lo siguiente:

Un agricultor carente de recursos, de relaciones y de buen consejo, posee una pequeña plantación de tres o cuatro mil árboles, en una reducida estancia de su propiedad, o alquilada, plantación hecha en las horas de descanso de cada día de trabajo y de los días de reposo, con la cooperación material de su mujer y de sus hijos; cuando se aproxima la época de la cosecha del esperado fruto, se encuentra sin recursos para recogerla, necesitando de trabajar a jornal para atender a sus necesidades materiales y de las de su familia, expuesto a perder la cosecha si no atiende en oportunidad a ella; no hay en su distrito o aldea persona alguna que le facilite económicamente los recursos indispensables para recoger el fruto del ímprobo trabajo de él y de los suyos. En esta situación se le presenta el fondista, el comerciante, el agricultor en grande escala, quien le propone la siguiente negociación, que el pobre labrador acepta a falta de algo mejor.

Le suministrará, no en dinero sino en efectos, las mercancías, zarazas, bayetas, etc., que necesite para su vestido y el de su familia, los víveres para llenar las mismas necesidades, carne, manteca, maíz, leche, huevos, etc. y sobre el valor de todo esto le cargará un interés de uno o dos más por ciento mensual.

El pequeño agricultor se obliga a venderle la cosecha de su plantación a dos pesos menos por carga del precio corriente del café, el día de la entrega. Pero la zaraza que vale diez centavos la yarda la carga a quince, la carne que vale diez centavos la libra, se la carga a veinte, y así con todos los objetos que le suministra, a más del interés estipulado, y, finalmente, el precio corriente del café lo fija el logrero cinco o más pesos menos al efectivo, y de éste todavía le deduce dos pesos por la rebaja convenida.

Os basta oír las cláusulas de este negocio para comprender y sentir lo pavoroso de él, para comprender y sentir cómo el humilde agricultor entrega a las bombas aspirantes de aquel pulpo el fruto de su trabajo que es su sangre y la vida y la sangre de los seres que le son queridos.

Otro tanto sucede en las regiones de clima diferentes con solo el cambio del producto de la tierra, en vez de café, es trigo o son papas o son cañas; pero la esencia de la negociación es la misma.

EL BANCO AGRICOLA y EL PEQUEÑO AGRICULTOR

Un eminente e inteligente hombre de Estado a quien hablé de estas crueldades de la suerte, me dijo que ahí venía el Banco Agrícola Hipotecario que corregiría aquellos males; pero hubo de persuadirse bien pronto de que el pequeño agricultor ignora la existencia del banco, y que si no la ignora necesitaría, si es dueño de la parcela cultivada, trasladarse a la capital, o apoderar un representante, para gestionar la operación por unas pocas centenas de pesos, y los gastos que le ocasionarían o lo uno o lo otro, aumentarían el gravamen considerablemente, y si no es propietario, nada podría hacer con el banco. Por otra parte, las numerosas solicitudes de sumas de importancia, respaldadas por valiosas fincas extensamente cultivadas, no darían lugar a las peticiones ínfimas garantizadas con propiedades de escasísimo valor.

Tanto más cuando la ley orgánica del Banco Agrícola Hipotecario fija los límites de las operaciones que éste puede hacer en $ 20.000 el mayor y en $ 500 el menor.

Algo semejante a lo que acabo de describir sucede con los arrendatarios de estancias que hacen parte de grandes y valiosas haciendas, lo que ha sido descrito en elocuentes, vibrantes y patrióticos términos por la pluma diamantina del ex-Presidente Restrepo, quien lo ha representado con muy vivos hirientes colores, como disimulada y verdadera esclavitud.

A todos aquellos desheredados, que son los más numerosos en nuestro país, y en todos los países del globo, no les ha llegado la educación de que os hablé al principio; no pueden realizar ninguno de los ensueños de felicidad, de bienestar ni de silenciosa tranquilidad que tienen derecho a ambicionar. Debemos proporcionarles medios prácticos y efectivos para que modifiquen, siquiera en parte, las desigualdades de la cuna, y de la fortuna impuesta por el ciego destino.

LAS CAJAS RURALES AGRÍCOLAS

Las adversas circunstancias en que pasan la vida los pequeños agricultores, existen en todos los políticos de la tierra, y por esta razón ha habido seres de inteligencia superior y de nobles sentimientos que se han preocupado de su suerte. Entre ellos figurará en primera línea el alemán Roiffeisen, quien ideó el establecimiento de las Cajas rurales agrícolas que llevan su nombre, que tiene por objeto único facilitar a los pequeños agricultores reducidas cantidades de dinero para atender las urgentes necesidades de su industria.

Al dirigirme a esta ilustrada y selecta reunión es innecesario hacer exposiciones de teorías económicas conocidas por todos nosotros. Me limitaré por tanto a insertar unas pocas cifras del célebre economista español Velasco.

«En la agricultura, el capital ha de estar diluído en poder de muchos, en posesión de todos. En las demás industrias, los productos van a modificarse industrialmente donde el capital los reclama: en la agricultura, es el capital el que ha de ir a buscar el último rincón de la tierra cultivable para fecundarla en consorcio íntimo con el trabajo inteligente».

Otro inteligente autor, Moret, dice:

«El problema del crédito agricola consiste en la difusión en la democratización del capital. El crédito agrícola no es otra cosa sino el medio o procedimiento de hacer llegar a los pegujaleros, o pequeños propietarios, a los colonos, y aun a los jornaleros del campo, todos aquellos labradores que no tienen más garantía que la de una propiedad, la de sus bienes muebles, o solamente la personal, los beneficios del anticipo de los modestos capitales para el cultivo».

Las cajas rurales de crédito agrícola tienen por base los dos principios fundamentales siguientes: la limitación territorial bien reducida donde funcionan, y la responsabilidad solidaria de los que la forman, y en todos ellos se requiere el concurso de un elemento moral gratuito, caracterizado por la abnegación y el desinterés.

Os anotaré solamente los lineamentos de las cajas rurales, para no fatigaros con informaciones que sin duda conocéis.

Las cajas rurales se forman por reunión de un número de agricultores, ricos y pobres, que no aportaban capital alguno en su origen, y que hoy aportan de cincuenta centavos a un peso por una sola vez, pagaderos total o parcialmente por pequeñísimos instalamentos.

Los asociados en cada caja son ordinariamente responsables por las deudas que contraiga la caja.

La acción de cada una de ellas está limitada a un distrito que no tenga más de cuatrocientos agricultores pequeños, o a una parte, barrio o sección que tenga ese máximum de cuatrocientos agricultores.

La caja recibe en préstamo cantidades de dinero en la localidad, a muy poco interés, o depósitos de ahorros de los habitantes de la misma también a módico crédito.

La caja da en préstamo a interés muy poco mayor del que paga, pequeñas cantidades a los agricultores en ventajosas condiciones de plazo, o plazos, para que las paguen parcial y cómodamente.

PERSONAL DE LAS CAJAS RURALES

La caja es administrada por un comité de tres miembros, del cual es Presidente, o Gerente, siempre uno de los más ricos asociados, y por una Junta de Vigilancia compuesta de nueve o más miembros, encargados de estudiar las condiciones de moralidad, laboriosidad y honradez de los peticionarios de préstamos. Este comité o junta examina periódicamente (cada dos meses) si los deudores han invertido el préstamo en el objeto para que solicitaron, en término de tres o cuatro semanas.

El producto de la pequeña diferencia entre los intereses que paga la caja y los que cobra, se destinan a los gastos de ella, que son muy reducidos, pues todos los asociados prestan sus servicios gratuitamente; excepto el cajero que tiene sueldo, y a formar un pequeño fondo de reserva para atender a las eventualidades que sufran las operaciones de la caja.

En ningún caso se reparten dividendos. Los préstamos son siempre hechos con sólo la garantía personal del solicitante, y, a lo más, la de un fiador en las mismas condiciones.

Para hacer un préstamo se tiene en cuenta: Los antecedentes de moralidades y buenas costumbres del solicitante. El objeto para el cual se solicita el préstamo. El estado de la plantación que tenga el prestamista. El valor de la porción de tierra que desee comprar, si este es el objeto del préstamo solicitado.

Los préstamos se hacen por seis meses, un año, dos, cinco hasta diez años.

El valor del pozo, drenaje u obra, o ganado que pretenda hacer o comprar.

En las Cajas Raiffeisen sólo existe la preocupación de distribuír el crédito al menor interés posible. El fondo de reserva es indistribuible; los administradores de estas cajas deben tener el pensamiento libre de toda preocupación personal. Las cajas no buscan en ningún caso grandes ganancias. Las cajas no son un negocio, sino una obra de apoyo al trabajo necesitado.

Si la reserva llega a ser de importancia, se reducirá el tipo del interés. Si una caja se disuelve por cualquier circunstancia, sus reservas y capital se aplican a dotar otra u otras cajas de la misma región, y si no hubiere de ellas, se entregarán a una institución pública para cooperar a la construcción de alguna obra de utilidad general.

EL DESARROLLO DE LAS CAJAS RURALES

Son estas las principales bases para la fundación y administración de las cajas rurales, agrícolas de Raiffeisen que existen hoy en los principales países de Europa. Rusia, Alemania, Francia, Austria y España. En sólo Alemania hay más de doce mil en la actualidad y es un dato que llama la atención y prueba la sensatez con que se administran y la honradez de los prestamistas, que no se cuenta que hayan perdido un solo centavo en más de treinta años de existencia. Las Cajas Raiffeisen se desarrollaron con lentitud en los primeros años de su existencia: en 1885 había doscientos cuarenta y cinco en Alemania; en 1889 ciento sesenta; en 1891, ochocientas noventa y cinco; y en la actualidad no hay día en que no se funden una, dos y hasta cinco. No creo, ni puedo, ni quiero creer que en nuestro país falten espíritus bastante nobles, generosos y altruístas que acometan la organización de una primera caja que servirá de ejemplo y de modelo por los grandes efectos moralizadores y económicos que producirá.

EL PROBLEMA DE NUESTROS ARRENDATARIOS

Acaso sea yo juzgado como visionario o iluso por creer en la practicabilidad de este pensamiento, pero os confieso que no son esos mis menores defectos cuando se trata de ideales que tiendan al engrandecimiento de la patria y al mejoramiento de las condiciones de la vida de mis semejantes. Puesto que me he permitido cansar vuestra atención tratándoos de asuntos relacionados con la suerte y vida de algunos pequeños agricultores, me atrevo á abusar de nuestra benevolencia haciendo mención de algunos otros medios prácticos para dar a aquellos y a otros algunos elementos para el éxito de la educación efectiva que podemos darles. Hace doce años un modesto ciudadano, colocado accidentalmente en una elevada posición oficial, reunió en su despacho a varios hacendados para insinuarles la idea de mejorar las condiciones de la vida de sus arrendatarios y trabajadores. En aquella reunión les habló de la conveniencia de que las habitaciones de aquellos trabajadores no fueran los miserables ranchos donde viven hacinados todos los miembros de una familia, y aun personas extrañas a ella,en una reducida pieza que es cocina, lugar de trabajo y dormitorio; donde duermen abrigados por las mismas ropas que los cubren en el día, que se les facilitara una casita, pajiza y humilde, pero que tuviera dos piezas de humilde, un caedizo que sirviera de cocina, techo por donde no penetrara la luz de la luna y las estrellas, el viento helado y la lluvia; puertas que ajustaran a sus marcos y pavimentos que no fueran la tierra al natural ligeramente pisada; que estuvieran situados donde hubiera agua potable, aunque fuera distante de ella pero no a la orilla de vallados que conservan el agua estancada; que con la habitación se les facilitara gratuitamente el uso de una pequeña porción de tierra, media fanegada, que pudieran cultivar en su provecho en las horas de descanso diario y algunas de los días de reposo; que les facilitaran, en calidad de reintegro, la semilla que hubieran de necesitar para la siembra de la parcela; que se les estimulara para conservar blanqueada la casita, y desyerbado un corto contorno de ella. Todo esto haría que el labriego cobrara cariño a su humilde morada, le haría adquirir hábitos de aseo, lo alejaría de la taberna cercana, donde consume en el juego y en la bebida el fruto de su trabajo, y a donde el instintivamente atraído por el aseo de ella; cultivaría los afectos de familia, haría experimentalmente el estudio de las diversas formas, estado y clase de semillas, etc., todo lo cual reflejaría en beneficio de la hacienda, porque se haría un trabajador más sano y honrado, albergaría en su mente algunas ilusiones y ensueños, y en su corazón algunos sentimientos que lo harían recomendable, y, por tanto, su colaboración sería más eficaz y provechosa.

Algunos de aquellos hacendados acogieron y pusieron en práctica aquellas indicaciones; pero la mayoría continuó tratando como seres inferiores a los que viven una vida de trabajo, de miseria e inesperanza, pues si llegan a pensar en algo para el mañana, es sólo en la sala común del hospital. Cuanto bien podría hacerse a aquellos miles de seres que no conocen de la vida sino la luz del sol, y de la alegría los venenosos efectos del licor!

TRES SUSTANCIALES REFORMAS EN LA INSTRUCCIÓN

Ya os he hablado de los infelices trabajadores rurales. Me permitiréis que ahora os diga algo de lo que dijo el que tiene honor de dirigiros la palabra por la prensa hace veintisiete años en servicio de la instrucción pública, algo de lo cual se ha convertido en halagüeñas realidades pero mucho ha dejado de hacerse. Y quiero aprovechar la presencia del distinguido señor Ministro de Instrucción y Salubridad Públicas para insistir una vez más en unas tres innovaciones que juzgo útiles para la educación de los hijos de los pobres:

LAS BECAS ESCOLARES

Las becas escolares, costeadas por el tesoro público, son adjudicadas frecuentemente o como acto de caridad, o fruto de intrigas de diverso orden. Las primeras son plausibles acciones de beneficencia, las segundas lo son censurables de inmoralidad, pero ni las unas ni las otras llevan en su adjudicación el pensamiento primordial en que deben inspirarse, de servir a los grandes intereses de la educación pública del porvenir.

En Inglaterra se conceden las becas como recompensa al mérito y al esfuerzo, desde la escuela primaria hasta la Universidad; al alumno que sobresale en la escuela de primeras letras se le concede beca para su sostenimiento y estudio en los planteles de segunda enseñanza, y a los que son sobresalientes en éstos, se les otorgan becas para que terminen en Eton, Oxford, Cambridge, la carrera que elijan. De este modo se hace ascender a lugares visibles y propicios, un buen número de inteligencias útiles y aventajadas que de otro modo se extinguirían en la oscuridad de la pobreza y de la ignorancia.

LAS BIBLIOTECAS

Carlyle decía hace mucho tiempo hablando de Inglaterra: «¿Por qué cada población no tiene una biblioteca? En todas partes vemos policías, prisiones y patíbulos, por qué no vemos bibliotecas?» Carlyle estaría muy satisfecho de la Inglaterra de hoy. Toda ciudad debe tener biblioteca gratuita como posee baños públicos; una y otra cosa se han hecho indispensables. Una de las bibliotecas populares de Londres recibió en el primer año de su existencia cuatrocientos mil visitantes; otra, en el barrio de «Hite Chapel», el más pobre de aquella ciudad, tuvo más de dos mil seiscientos visitantes por día, y es conservada por los desheredados de la fortuna.

«Para realizar empresas semejantes es indispensable y decisiva la nación enérgica y perseverante de algunos hombres. Es claro que en toda democracia moderna la influencia por el bien pertenece cada día más a los individuos, que aunque no sean sino cincuenta, aunque sólo sean veinte, consagren resueltamente sus fuerzas a la cosa pública con un propósito honrado y desinteresado. Un puñado de hombres resueltos y un objeto definido y determinado es todo lo que se requiere para tener éxito en un país libre».

Convencido de la verdad que encierran las palabras que acabo de pronunciar, se inició en 1898 el establecimiento de una sociedad, de todos los partidos, que deseán la educación sana, moral, seria, sólida, práctica y provechosa de nuestra numerosa e interesante clase obrera, que sin aberraciones ni extravagancias, sin espíritu de secta ni de partido, quieran la formación de caracteres cristianos, de almas honradas y enérgicas, y de cuerpos vigorosos, la cual entre otras cosas, fundó una biblioteca gratuita con salón de lectura para los artesanos, para sus esposas, hijas e hijos, a donde puedan concurrir libre, cómoda y gratuitamente las familias de los obreros a pasar unas horas los días de descanso dedicados a adquirir conocimientos útiles que les hagan vislumbrar más amplios horizontes en la vida y haga alejar de los vicios a millares de desgraciados.

EL HOSPITAL SAN JOSÉ

La iniciativa particular ha dado ya entre nosotros, en esta capital, portentosos resultados: El hospital de San José, magnífico y hermoso establecimiento iniciado y construído por el selecto grupo de sabios profesores, fundadores de la Sociedad de Cirugía, cuyo interés por la patria corren parejas con su filantropía y generosidad y que dedicaron recursos, tiempo y energías a tan caritativa empresa y cuyos nombres viven en nuestros corazones y vivirán en los de las generaciones futuras, y consignamos aquí con la expresión de nuestra admiración y gratitud:

Doctores Hipólito Machado. Julio Z. Torres, Juan E, Manrique, Eliseo Montaña, Zoilo Cuéllar D., Nicolás Buendía, Jose María Montoya, Guillermo Gómez, Diego Sánchez, Isaac Rodríguez.

El Hospital de la Misericordia, iniciado, construído y administrado por el sabio y altruísta doctor Ignacio Barberi.

El Asilo de la Infancia Desamparada, iniciado, construído y administrado por el ejemplar presbítero doctor Camargo.

Los dormitorios y asilos iniciados y construídos por los RR. PP. Campoamor y Valenzuela.

Las varias obras de ornato que la patriótica Sociedad de Embellecimiento deja cada año como brillantes muestras de su amor a la ciudad y

EL GIMNASIO MODERNO

El Gimnasio Moderno, que dejo para finalizar por ser del ramo en que vengo ocupándome. Este instituto, en el que desde 1914 puso su alma, su corazón y su fortuna para iniciado, construído y administrarlo el inteligente colombiano Agustín Nieto Caballero, eficazmente secundado con Rockefelleriana, generosidad por los ciudadanos modelos José María y Tomás Samper, y por el ilustrado patriota Tomás Rueda Vargas, y otros cuyos nombres se me escapan, que es un plantel que hace honor a la América Latina y que necesitaba Colombia con urgencia.

La fundación de este ya histórico plantel es una demostración palmaria de lo que puede hacer un puñado de hombres resueltos y un objeto definido y determinado en un país libre.

Y es una demostración palmaria también de que la persistente iniciativa de una saludable idea encuentra más o menos tarde un cerebro valeroso para arraigar y desarrollarse. En enero de 1898, el que tiene el honor de dirigiros la palabra, y la impertinencia de abusar de vuestra cultura, esbozó el siguiente segundo proyecto, del cual inserto la parte principal:

INSTITUTO POLITÉCNICO

II. Organización de una compañía anónima con capital de $ 200.000 dividido en 2.000 acciones de $ 100 cada una, que se colocarán en todo el país, para la construcción de un edificio amplio, cómodo, aireado, claro e higiénico, en las cercanías de Bogotá, circundado de extensos prados, el cual será construído para establecer en él un colegio de primera clase, donde se dé educación que satisfaga las aspiraciones de los padres de familia.

En el mismo año de 1898 se organizó la compañía se dispuso la fundación del colegio proyectado, con el nombre de Instituto Politécnico; se nombró Gerente de la empresa y del plantel al sabio profesor doctor Rafael Rocha Castilla, a cuya memoria tributo el homenaje de mi respetuosa admiración y deferente amistad. La guerra civil que estalló meses después y la desvalorización de la moneda nacional obligaron al gerente a liquidar la empresa y a aplazar para más tarde la realización del importante proyecto.

Quince años más tarde germinó el mismo elevado pensamiento en los privilegiados cerebros de los ciudadanos que acabo de citar, y con su patriotismo, su inteligencia, su amor a la juventud, y su desinterés realizaron el proyecto que fue años antes acariciado en sueño.

Os pido nuevamente perdón por la fatiga que os he proporcionado, y que me permitáis concluir esta conversación con las palabras con que terminé en 1898 la exposición de mis ideas de entonces:

«Muchos de los felices de la tierra que no tienen idea de la lobreguez en que viven miles de almas, nos leerán con desdén; otros, pesimistas, que consideran todo bien como imposible y toda inspiración como una quimera creerán que estamos perdiendo nuestro tiempo forjando ensueños y fantasías; otros, egoístas; incapaces de sentir afecto por un semejante, ni compasión por una desgracia, reirán de nuestros intentos. Pero no importa. No nos detendrá el desdén de los unos ni la indiferencia de los otros, ni las burlas de los demás allá»

La anterior conferencia es la primera de la serie que está organizando la Academia en virtud de la muy oportuna Resolución, en feliz hora dictada por el señor Ministro de Instrucción y Salubridad Públicas.

Tanto la Academia como su Presidente tomarán todo interés para que la iniciativa del señor Ministro tenga todos los buenos resultados a que debe aspirar, dada su fecunda trascendencia.

- - -
   

VER OTROS PRESIDENTES

-